Amor romántico

Sentencias como “si tiene celos es porque te quiere” o “quien bien te quiere te hará sufrir” encierran el peligroso sustento para conductas machistas en las parejas, que pueden desencadenar en violencia hacia las mujeres. ¿Cómo se llega a aceptar determinadas actitudes sin reproche?

Una de las mayores contribuciones viene del llamado AMOR ROMÁNTICO, ese que alimenta ríos de tinta, guiones, tramas y estribillos, que viene de la Edad Media, pero que aún en nuestros días está en pleno auge.

Son varios los mitos del amor romántico, y éstos pasan necesariamente por adjudicar a las mujeres el rol de princesa de cuento cuya máxima en la vida no es alcanzar la libertad (deseo masculino por excelencia), sino el amor a través de un hombre (lo que se supone que es normal en las mujeres), una mujer discreta, sencilla, llena de amor y felicidad que quiere colmar de cuidados y cariño a su esposo y que además le dará hijos de cuya paternidad podrá estar seguro. Él, por su parte, el príncipe azul, otro mito que opera en el imaginario colectivo porque se nos ofrece siempre como figura salvadora, un héroe porque pone la misión (matar al dragón, encontrar al tesoro, derrotar a las hordas malvadas, devolver el poder a algún rey, etc.) por delante de su propia vida. El príncipe azul es un hombre activo, saltarín, espadachín, gran atleta, buen jugador, gran estratega, noble de corazón. Desde las princesas de Disney a Crepúsculo, pasando por cientos y cientos de canciones de amor y spots publicitarios recurren a esta figura y cristalizan en el ideario colectivo, a modo del ideal de amor a perseguir.

Otros mitos del llamado amor romántico muy poderosos se corresponden con la pareja como única forma de realización total, la media naranja, un mito que expresa la idea de que estamos predestinados el uno al otro, de una forma inevitable fuera de todo control y razón. La exclusividad (amor a una sola persona) y la fidelidad prometen pasión eterna entre los enamorados. Un vínculo posesivo y egoísta propio del patriarcado, donde el hombre ha impuesto sus mecanismos de control, ya que la pareja no se puede compartir y donde los celos (fruto de una baja autoestima de la persona, sea él o ella) campan a sus anchas.

Un amor desbocadosin límites, que no depende de uno/a, por el que se da y se hace cualquier cosa (cualquiera), ya que es capaz de “mover montañas”, es el abono perfecto para que fortifiquen hábitos poco igualitarios. Ellos, nosotros, los príncipes valientes seguimos siendo libres para salvar a su dulce princesa o dejarnos embaucar por la mujer mala (otro interesante arquetipo) liberada, que disfruta pasionalmente del sexo, pero a pesar de que atrae a los hombres por su inteligencia y sus encantos, no les ofrecen seguridad, que casi nunca la eligen para ser princesa ni le piden matrimonio.

Algunas instantáneas ilustran los posibles finales de nuestras queridas y gráciles princesas de leyenda.